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lunes, 11 de mayo de 2015

Crisis familiar 6: Vivir con ellas sabiamente

Primera Pedro 3:7 dice: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”.

Maridos, si quereís ganar a vuestras esposas para Cristo, sed fieles en hacer lo siguiente:

Sea considerado

“Sabiamente” habla de ser sensibles a las necesidades físicas y espirituales más profundas. En otras palabras, se considerado y respetuoso. Recuerde debe nutrirla y amarla (Ef. 5:25-28). Muchas mujeres me han dicho, “mi esposo no me comprende. Nunca hablamos. Él no sabe cómo me siento o qué estoy pensando”. Una insensibilidad tal construye paredes de separación en el matrimonio. “Vivir con su esposa sabiamente” es otra sino lo que aporta a este lo que trae gloria a Dios. ¿Conoce usted las necesidades de su esposa? ¿Ha hablado de esas necesidades con ella? ¿Le ha preguntado qué clase de esposo ella quiere que sea?

Se caballeroso

Por diseño divino, una esposa debe ser el objeto especial del amor y el cuidado de su esposo. Como “vaso más frágil” ella está bajo su autoridad y protección. “Frágil” no significa débil ni espiritual ni intelectualmente, sino física y quizás emocionalmente. Las Escrituras sugieren eso en varios lugares. Por ejemplo, en Jeremías 51:30 leemos: “Los valientes de Babilonia dejaron de pelear, se encerraron en su fortaleza; les faltaron las fuerzas, se volvieron como mujeres; incendiadas sus casas, rotos sus cerrojos” (vea Is. 19:16; Jer. 50:37: Nah. 3:13). El ejército de Babilonia es comparado con mujeres porque estaba atemorizado, sin fuerzas e indefenso. 

No es cosa negativa que una mujer sea el vaso frágil. Al hacer al hombre más fuerte, Dios diseño una maravillosa asociación. Una manera como un esposo puede proteger y proveer para su esposa es practicando la caballerosidad. ¿Qué ha sucedido con la costumbre de abrir la puerta de auto para la esposa? ¡Algunos esposos se han alejado cinco metros de la entrada mientras todavía la esposa tiene un pie fuera de la puerta! Busque maneras de ser cortés que sabe serán apreciadas por su esposa.
Sea un compañero

“Dándole honor” es otra manera de decir “trate a su esposa con respeto” mientras que “gracia de la vida” es una referencia al matrimonio. “Gracia” significa “un don”, y uno de los mejores dones que la vida ofrece es el matrimonio. De modo que cuando Pedro dice que hay que darle el respeto como a “coheredera de la gracia de la vida”, está mandando a los esposos a respetar a sus esposas como compañeras en igualdad de condiciones en el matrimonio. Otra manera de ganarla para Cristo es cultivando el compañerismo y la amistad. Eso requiere compartir su vida con ella y desarrollar intereses mutuos. Piense cosas que pueden hacer juntos. Uno de los secretos de una relación feliz es encontrar cosas en común.

Estas no son solo sugerencias casuales. Según Pedro, aplicarlas tiene una incidencia directa en cómo sus oraciones son contestadas. Puesto que esas oraciones incluirán peticiones por su salvación, no descuide ser considerado, caballeroso y un compañero para su esposa inconversa.

Extraído del libro, “Distintos por diseño” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.


Amor hasta el límite del sacrificio

Cierto día, en un hospital, aprecié una de las imágenes más conmovedoras de que tenga memoria y que comparto con ustedes: un hombre estaba altercando con médicos especialistas en procura de que aceptaran su propósito de donarle el corazón a la esposa. Ella se encontraba muy enferma y un transplante lucía como la única alternativa viable. "Si me toca morir por ella, estoy dispuesto", les decía con palabras cargadas de desesperación.

¿Hasta qué punto nuestro nivel de amor y respeto hacia la esposa podría tener acompañamiento con la disposición de morir por ella, si fuera necesario? Es una respuesta que solamente usted se puede responder.

El apóstol Pablo al instruir a los cristianos del primer siglo y también a nosotros hoy, sobre pautas para un matrimonio sólido, recomendó: "Maridos, amad a vuestras mujeres,(A) así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…"(Efesios 5:25) No, no le estoy diciendo que sólo usted como marido debe sacrificarse. Lo que le estoy diciendo son dos cosas, que tal vez otros autores cristianos no hayan abordado: el primero, que el respeto en la pareja se debe manifestar incluso en una relación íntima de mutuo acuerdo. Su esposa no está obligada—permítame hacer énfasis en eso—a absolutamente nada. Si accede es porque lo quiere, no por algún tipo de presión. El segundo, que evidenciar respeto en todas las esferas de su relación de pareja. En el tono de voz que utiliza al hablar, las palabras que utiliza, los modales, gestos y cuanto le expresa a su cónyuge.

Un trato áspero no está en la voluntad de Dios La imagen del "macho latino" en el que se mezclan algo de mexicano, una pizca de colombiano y algo de peruano, de hombres rudos que responde a su mujer con gruñidos, la apartan con brusquedad y la obligan como si estuviéramos en la época de las cavernas, dista mucho de la realidad y más: de lo que Dios espera de nosotros como esposos.

El apóstol Pablo hizo énfasis en este principio cuando escribió: "Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas."(Colosenses 3.19). Amar no es solamente una palabra que se escribe con cuatro palabras y se le dice a la mujer cuando estamos en el período de novios. Amor—en el caso de la pareja—es un sentimiento nacido desde lo más profundo de nuestro ser, que debe expresarse con hechos.


RECORDEMOS

Lo que Dayana nunca quiso decir, delante de su pastor y que afloró aquella mañana—en medio de la tormenta en la que se había convertido su vida--, era que por diecisiete años su esposo la había abusado. "No entiendo; ¿por tanto tiempo fue víctima y no dijo nada?", interrogó el funcionario judicial que realizaba la diligencia en una Comisaría de Familia, llena de estantes con folios y papeles, algunos de ellos amarrados con cordeles para evitar que se desperdigaran ante la fuerza del ventilador.

--Sí, sí, realmente preferí callarlo…--admitió la mujer para prorrumpir, seguidamente, en llanto al enfrentar la cascada deimágenes que vinieron a su mente y en la que se sucedían incidentes en los que Rodolfo pretendía intimar con persuasión, y si no lo lograba, recurría a la violencia.

La gota que rebosó la copa ocurrió la noche que—ante la negativa de su joven esposa—decidió tirar la lámpara con violencia, desde la mesita de noche. Luego empezó a gritar furibundo, dando vueltas como león enjaulado en la habitación y finalmente, en lo que ella interpretó como locura—producto de la frustración—despertó a su hijita y la llevó—cerca de la medianoche—a ver televisión en la salita de estar.

--Y tú no digas nada, Dayana. Ni te acerques porque soy capaz de golpearte—le advirtió ante sus ruegos de que dejara ir a dormir a la menor. La niña no hacía otra cosa que llorar.

Aquel incidente, como por arte de magia, tornó más largas las horas, el reloj parecía marchar con nostalgia y lentitud, la misma que despierta ver morir la tarde junto al mar oyendo el murmullo de las horas, y las primeras luces del día la sorprendieron sin conciliar el sueño. Esa situación desesperada fue la llevó a tomar la decisión de denunciar a su marido.

--Llegué al límite—le dijo al empleado judicial que aporreaba el teclado del computador, como si en cada tap tap estuviera imprimiendo la fuerza contundente de una noticia de última hora.
Terminaban largos meses y años de sufrimiento. Salió de aquél edificio con la misma sensación de quien acaba de liberarse de una pesada carga.


Un fenómeno creciente

La agresión intrafamiliar, y más aún, la violación literal del cónyuge—avivado por el carácter machista que prima en muchos países del continente americano—, representa un fenómeno que cobra cada día mayor fuerza y que en una sociedad que privilegia los derechos del hombre sobre los de la mujer, termina aceptándose como algo "normal".

En criterio de la presidenta del Centro Latinoamericano de Salud y Mujer (CELSAM), Diana Galimberti, el asunto es más serio cuando el agresor sexual es el compañero y no un desconocido. A su turno el coordinador del Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer –ICRW en inglés--, Gary Barker, considera que "Cuando se trata de un extraño para la mujer, hay un mayor reconocimiento de que se trata de una violación, por cuando ocurren dentro del matrimonio en muchos países se piensa que—como ella aceptó una vez—lo hará siempre".

En este último concepto coincide la especialista brasilera Ley María da Penha, quien señala que "La violencia sexual es cualquier conducta que obligue al cónyuge a mantener o participar en una relación sexual no deseada, bien sea mediante intimidación, amenaza, coacción o uso de la fuerza".

¿Cuál es el problema? Que en la mayoría de las culturas la intimidad se considera una obligación al interior del matrimonio. Pero, ¿es esto lo más apropiado?¿Está esa posición en coincidencia con la voluntad de Dios?¿Qué dice la Biblia al respecto?

La mujer, vaso frágil

En un alto porcentaje de los casos de violencia intrafamiliar y en el hecho específico de violación sistemática al cónyuge, es la mujer quien lleva la peor parte. Históricamente ha sido así.

Le invito para que evalúe cuál es el trato que da a su cónyuge. ¿Acaso afloran en usted los instintos y considera que la intimidad es únicamente ese momento de satisfacción personal?¿Agredió u obligó a su esposa a recibirle en la cama? Si es así, ¿ya remedió la situación con ella y pidió perdón a Dios por su actitud? Hoy es el día apropiado para tomar decisiones

Al final también el Espíritu Santo nos recuerda lo siguiente:

Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. 1 Pedro 3:8,9.